¿Qué pasaría si creyéramos en el amor?

La cena casi ya estaba. Antes de sentarnos a la mesa, me detuve delante de la estantería para observar los libros que tenía. Cuando vi el título, sabía que me gustaría. “El libro de las emociones”, en un mundo sin emociones. Empecé a hojearlo y vi que las páginas estaban subrayadas y marcadas (por la misma escritora). Así que no soy yo la única que estropea los libros, ¡qué alivio! – pensé. Le pregunté si me lo dejaba para leer. Y decidió regalármelo. Gracias.

En la portada del libro aparecen preguntas, como: ¿Nos sana la alegría?, ¿Nos pone enfermos la tristeza?, ¿Por qué vivimos en una época en la que reina la depresión y el estrés?, ¿Es la memoria un almacén personal de emociones?, ¿Por qué hay personas, libros o películas que nos ensanchan el corazón y otras que nos llenan de mal rollo?, ¿Qué consecuencias para nuestra salud física y mental tiene el que estemos tan pendientes de lo „política o socialmente correcto”?… Preguntas, que aunque no las formulemos, nos preocupan diariamente.

Laura Esquivel, escritora mexicana, con su primera novela, Como agua para chocolate (1989), tuvo un éxito de público tan extraordinario que el director de cine Alfonso Arau rodó una película con el guión de la propia autora que supuso la consagración de esta obra. Como agua para chocolate entusiasmó por la atmósfera indecible que creó la autora para narrar la historia de un amor imposible e imperecedero en medio de ollas y sartenes, es decir, en el ámbito tradicionalmente femenino por excelencia: la cocina y sus hechizos. No se trata ya de realismo mágico, sino de magia directa. La novela fue traducida a más de treinta idiomas y en 1994 su autora recibió el Premio ABBY (American Bookseller Book of the Year), galardón que por vez primera fue concedido a un escritor extranjero.

Estoy segura de que después de leer los fragmentos del libro, querrán comprarlo. O, por lo menos, se pondrán a pensar. Descubran “El libro de las emociones”:

Fragmentos del libro:

I. Las emociones y su origen perdido

- Las emociones se viven, se sienten, se reconocen, pero sólo una parte de ellas se puede expresar en palabras o conceptos… Es muy difícil tratar de encerrar en una palabra la alegría y la tristeza, pero no así sentirlas a plenitud.

- Se nos dice que la confianza y la cercanía nos vuelven vulnerables. En todo momento se promueve y se enaltece la desconfianza y se estimulan los más aberrantes extremos de individualismo, que en realidad no son más que máscaras patéticas de una sociedad „moderna” a la que le estorban las emociones.

- … los seres humanos encontramos gran dificultad para compartir la multitud de pensamientos que somos capaces de emitir en las 24 horas del día, no sólo por su enorme cantidad sino porque ni siquiera somos capaces de recordarlos todos, ya no se diga darnos cuenta de que esa abundancia de pensamientos ¡siempre estuvieron acompañados por emociones!

- Vivimos emocionados y pensando… Por mucho tiempo hemos considerado equivocadamente que el pensamiento y la emoción eran cosas distintas, que podían separarse. Que la mente del hombre funcionaba mucho mejor sin la interferencia de estados emotivos, ¡como si fuera posible ignorar las emociones!

- Curiosamente poco antes del final del siglo XX que tanto se ha empeñado en devaluar la emoción, es cuando se ha comenzado a hablar de eso que se llama la inteligencia emocional y se ha tomado consciencia de que el estado emocional de una persona determina la forma en que percibe el mundo. Esta afirmación no entraña ningún misterio si tomamos en cuenta que el cerebro funciona mejor con una correcta irrigación sanguínea, que el encargado de sostenerla es el corazón y que el funcionamiento del corazón está determinado en gran parte por las emociones. No late de la misma manera un corazón deprimido que uno gozoso, y por lo tanto, no envía al cerebro la misma cantidad de sangre… Todos sabemos que un cerebro sin irrigación sanguínea es un cerebro muerto. Lo que no tenemos muy claro es si un corazón risueño lo mantiene en mejor estado que un corazón disgustado. De ahí la importancia del conocimiento de las emociones.

- Cada vez que un ser humano se niega a aceptar una emoción que ya nació, que surgió como reacción natural y no elegida, se altera todo el funcionamiento de su cuerpo.

II. La palabra y la imagen como generadoras de emociones

- ¿Qué es lo que nos lleva a sacar una foto del cajón de los recuerdos? ¿O a leer la primera carta de amor que recibimos? ¿O a buscar en el baúl de los recuerdos la rosa marchita que nos dieron en aquel baile inolvidable? ¡El deseo de revivir una emoción! El deseo de volver a sentir el mismo amor. Los recuerdos de tipo material pueden envejecer. Llegamos a gastar tanto las cartas que a veces se empiezan a deshacer en nuestras manos, pero las imágenes en nuestra mente, no. Ésas quedan intactas. Lo mismo que las emociones. Ahí están tranquilas, al lado de nuestros recuerdos, dispuestas a ayudarnos a vivir nuevamente.

- Desde Aristóteles hasta los investigadores modernos coinciden en que hay una tendencia natural del hombre a aprender por medio de la imitación. Se ha descubierto que cuando una persona observa el rostro sonriente de otra, tiende a repetir el mismo gesto… A mi ver, no sólo se trata de una imitación. Cuando estamos cerca de una persona sonriente, nos hemos contagiados por su emoción…. Una emoción es energía en tránsito.

- …el ser humano convierte en imágenes sus emociones. Desde los códices mejicanos hasta los emblemas europeos expresan la idea de que cada imagen contiene memorias y, por lo tanto, provoca en nosotros una infinidad de sentidos ocultos, de emociones dormidas.
Una imagen funciona como detonador de emociones sólo si se conecta con el mundo de creencias de una persona, con la opinión que tenga de sí misma o con su memoria emocional. Por ejemplo, si relacionamos el sabor de la leche materna con la vida y con el amor, de grandes buscaremos alimentos que tengan esa misma cantidad de grasas cada vez que necesitemos sentirnos amados.

- … imágenes y palabras no deben perder su cualidad de mediadoras entre el presente y el pasado, entre nuestra racionalidad y nuestras emociones. Porque son el vínculo más profundo y estrecho entre lo que sabemos y lo que reconocemos de nosotros mismos. Porque generan emociones que se convierten en nuevas imágenes y palabras. Porque crean memoria en quienes las ven o las escuchan. Y de nosotros depende que cuando nos recuerden lo hagan con alegría o con tristeza. Que las palabras que pronunciamos sanen o lastimen.

III. Emociones que sanan y emociones que enferman

- … cuando uno está deprimido, todo el organismo se contrae. Nuestra capacidad de actuar, de pensar, de gozar, se reduce a su mínima expresión. Estarán de acuerdo conmigo en que la vida moderna que se lleva en las grandes ciudades en nada colabora para ensanchar nuestro espíritu. Nos impone en todo momento grandes exigencias y agudiza aun más la sesación de ahogo. Diariamente hay que luchar a brazo partido por un espacio en el metro, en el estacionamiento, en en los restaurantes, en los cines. Hay que soportar el ruido de los automóviles, de las fábricas, de los radios a todo volumen. Hay que llegar al trabajo en medio del tráfico, lo más rápido posible, se evitan los accidentes, se escapa de los asaltantes, para finalmente cumplir con un horario y poder cobrar un sueldo a fin de mes. Con todo eso, las grandes ciudades se han convertido en el mejor caldo de cultivo para las tensiones.

- … La única forma de aliviar la tensión y evitar el sobre-calentamiento de órganos internos es por medio de la relajación y la mejor manera es por medio de la risa. Después de una sesión de carcajadas, nuestro cuerpo se relaja… La risa es una poderosa herramienta de comunicación e interacción entre las personas y no una simple reacción a un chiste. La risa une. El hecho de que los individuos que se ríen juntos se sienten parte de un grupo tiene que ver con la sensación de cercanía, de pertenencia, de complicidad que genera el humor.

- … el miedo a ser considerado una persona boba, frívola y hasta cierto punto irresponsable, hace que reprimamos la risa.

- … la comunicación entre los seres humanos, a pesar de los enormes avances de la tecnología, se ha dificultado enormemente. En gran medida a causa de la misma depresión. Uno queda tan agotado después de un día de trabajo en condiciones de tensión extremas que lo único que quiere es dormir y olvidarse de los demás. Nadie tiene tiempo, y si lo tiene, no lo quiere compartir. Todos defienden su espacio. Todos son celosos de su intimidad, de sus conocimientos, de sus logros obtenidos en el campo de la batalla: la oficina.

- Si en épocas remotas era importante reunirse con los demás miembros de la tribu para compartir experiencias… ahora no. Si dos seres humanos se reúnen para hablar de negocios, lo hacen con la única intención de obtener un beneficio económico. Nunca le confiarían a su competidor la amenaza de una baja en la Bolsa de valores. Se reservarían la información para benefico personal, para acrecentar su capital, pues están convencidos de que para sobrevivir es necesario tener un fuerte respaldo económico. Como si la posesión del oro les fuera a garantizar la inmortalidad. Como si la Bolsa de valores fuera lo más importante en el mundo.

- El hombre moderno, a pesar de contar con una tecnología avanzada y con adelantos científicos en el campo de la medicina, la agricultura y la ganadería, se siente cada día más confundido y más inseguro. Ya no sabe si va bien o va mal. Él cree que va bien si gana más que los demás. ¿Será?

- Al hombre primitivo le bastaba ver un campo verde, floreciendo para saber que iba bien. El hombre moderno, encerrado en su oficina de concreto, sin ver la luz del sol, sin enterarse del estado del campo, supone que está bien porque sus acciones de la Bolsa subieron y tiene dinero para comer, para vestirse, para viajar y para pagar el hospital en caso de enfermedad, pero sobre todo para pagar sus sesiones con el psicoanalista, pues de otra manera nadie lo escucharía. Todos están muy ocupados en producir y en consumir. El hombre ha perdido el sentido de la vida y se encuentra más solo que nunca.

- Creo que si de veras queremos salvar a este planeta debemos empezar por mejorar el estado emocional de todos los que habitamos. Lo revolucionario sería eso. Sacar a todo el mundo de la depresión. Organizar cruzadas amorosas que repartieran besos, risas, cantos, bailes. Y después de hacer el amor podríamos encontrar una mejor forma de solucionar los problemas sociales y económicos que nos aquejan.

- ¿Qué pasaría si creyéramos en el amor? Y lo digo verdaderamente. Si estuviéramos convencidos de que el amor nos va a salvar como especie. Que de ahora en adelante va a estar por encima de la avaricia y del egoísmo. Por encima de las decisiones del Fondo Monetario Internacional y las de cualquier gobierno. Si con esta frase les arranqué una sonrisa me doy por bien servida. No importa. Tal vez ese es el primer paso para empezar a cambiar al mundo. Sonreír… Su organismo se lo va a agredecer.

IV. Literatura y cine que sanan…

- … En esos momentos de soledad, cuando el „ruido” del mundo queda fuera, que podemos escuchar a nuestra alma que nos dice que el único y verdadero valor es el amor. Sólo en la inactividad descubrimos que lo que nos mantiene con vida no es el recuerdo del coche que compramos, ni de los deberes cumplidos, ni del tiempo que pasamos realizando trámites burocráticos, sino la esperanza de hacer todo lo que no hemos hecho: decirle a la gente cercana lo que significa para nosotros, darle un abrazo a un amigo perdido, compartir una tarde de risas con nuestros hijos, mirar una lluvia de estrellas, dar un beso de amor a nuestra pareja, amar, amar, y amar.

2 Responses to “¿Qué pasaría si creyéramos en el amor?”

  1. Hola, este sitio es muy bueno. Es bueno encontrarse esto en la blogosfera. Sigan comentando con esta claridad. Adios

  2. Muy buen artículo. Saludos

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