Este artículo trata de ovejitas, de pastores, de ganaderos, de cooperación…pero sobre todo pretende dar respuesta a muchas de las preguntas sobre el sistema ganadero de España. Y, lo que es más importante, pretende relatar la experiencia de dos alumnos (Fanni y Zoli) del instituto Fazekas de Debrecen que acompañaron al “Róna Juh Klaszter”- agrupación de Karcag – cómo intérpretes de español…
20 de septiembre
Parecía ser un domingo normal, corriente, pero era muchísimo más. Este día marcó el inicio de un viaje que, en mi opinión, a todos los que participamos nos aportó experiencias muy gratificantes. Cuando llegamos al centro de investigación de Karcag, desde donde íbamos a salir, nos recibió una imagen muy típica de los momentos justo antes de emprender una gran aventura: un montón de mochilas y maletas bien cargadas, personas charlando, un poquito inquietas, y gente que se despedía, dando los últimos consejos a los viajeros…
Serían las 8 cuando llegó nuestro autobús, todos colocamos nuestros respectivos equipajes en el maletero, y en poco más de media hora comenzamos el camino. En Budapest dos personas más (nuestra intérprete de francés, Németh Tímea, también experta en la producción ovina, y el Dr. Sándor Kukovics que tiene mucho prestigio y fama en la ganadería ovina ya que ha publicado varios libros sobre los pequeños rumiantes) se incorporaron a nuestro grupo.
21 y 22 de septiembre
Como a partir de Budapest aún nos quedaba mucho camino por delante, tardamos casi un día en llegar a nuestro primer destino, Villeneuve-Loubet, una ciudad preciosa en la Costa Azul francesa. Después de instalarnos en el alojamiento (un hotel de tipo Formula 1) y formar las parejas de compañeros de habitación nos dirigimos a un restaurante cercano para cenar. Allí el presidente de la cooperativa, el Sr. István Monori aprovechó para darnos la bienvenida. Esta cena sirvió para que nos fuéramos conociendo un poco más.
Al día siguiente nos tocaba visitar dos granjas, pero al final sólo llegamos a una. La primera estaba ubicada en la cumbre de una montaña y era accesible únicamente por un estrecho sendero por lo que no conseguimos acceder con el autobús. En la segunda hubo más suerte. Los dos propietarios (que eran hermanos, por cierto) nos recibieron muy amablemente y se dispusieron a responder a todas las preguntas. Además, pudimos ver en qué consistiría más o menos nuestro trabajo (las preguntas que se hacían, el lenguaje que se empleaba – obviamente ya llevábamos varios días puliendo nuestros conocimientos específicos, grabando en nuestros cerebros palabras como alfalfa, ordeñar, forraje, fermentación). Contemplamos el rebaño, la maquinaria de la granja y antes de marcharnos les entregamos un paquete de regalitos que contenía productos del cluster. Seguimos nuestro viaje hasta Orania (Orange), y llegamos por la noche.
23 de septiembre
Madrugamos y nos dirigimos directamente a una cooperativa, también en Francia. En primer lugar nos enseñaron el matadero, el rebaño y nos dieron a conocer los métodos que aplicaban y también el proceso de la producción. Después asistimos todos a una mesa redonda. He de señalar que uno de los temas más frecuentes era el que se refería a las subvenciones. Tras una serie de preguntas y respuestas bien detalladas, obviamente, nos subimos al autobús y continuamos el camino. Próxima parada: Barcelona.
Al pasar por la frontera sentimos un cosquilleo en el estómago. Nunca habíamos hecho algo parecido y los sentimientos se amontonaban, palpitaban en nuestro interior de forma desmedida, sin poder apenas controlarlos. La curiosidad y la duda nos invadían ¿Podríamos llevar a cabo bien nuestro trabajo? ¿Cometeríamos muchos errores? Sin embargo, la emoción se sobreponía a todos los sentimientos: de nuevo estábamos en España.
A Barcelona llegamos por la noche así que no nos dio tiempo a ver la ciudad. Ocupamos nuestro alojamiento y fuimos a cenar. Sobre las 11 de la noche cuando ya todos teníamos ropa de cama, nos fuimos a dormir.
24 de septiembe
Después de desayunar subimos al autobús y tomamos la carretera hacia Vilamayor. Allí había una granja enorme donde pasaríamos nuestra primera prueba de fuego. El señor que nos mostró su explotación tuvo mucha paciencia y respondió a todas las preguntas de todo corazón, aunque nuestros ganaderos las repitieron varias veces. Todo el día lo pasamos allí, observando preguntando y claro, traduciendo. Por la tarde ya estábamos muy cansados y saturados de tanta información sobre las diferentes tecnologías y sistemas de subvención. Al final le agradecimos al ganadero la ayuda que nos había prestado y el tiempo que nos había dedicado. Subimos al autobús y nos dirigimos hacia Zaragoza. Llegamos al centro sobre las 6 de la tarde y decidimos conocer un poco la ciudad. Visitamos el Pilar, dimos un paseo por el centro y para que todos estuviéramos contentos reservamos un rato para comprar regalitos. Llegamos al hotel por la noche y ya estábamos pensando en el día siguiente que estaría lleno de sorpresas…
25 de septiembre
La primera sorpesa que nos llevamos fue el desayuno. Desayunamos en un bar muy bueno y al sentarnos nos dimos cuenta de que aquel día el desayuno sería bastante escaso. Como nuestros mayores no estaban acostumbrados a comer sólo una tostada, el pobre camarero tuvo que traer una tostada tras otra, y otra, y otra… Al final me dijo que ya entendía por qué eran tan grandes nuestros pastores. Así que decidimos que al día siguiente habría embutido para acompañar las tostadas.
Al terminar fuimos al centro de Zaragoza para ver la OVIAragón, una cooperativa enorme, una de las estaciones más importantes de nuestro recorrido. Allí nos llevamos la segunda sorpresa ya que nos esperaba un señor húngaro entre los directores: Szentváry Tamás que trabajaba en la Embajada de la República de Hungría en España y nos acompañó durante todo el día. Los directores de OVIAragón nos mostraron el matadero, hicieron una presentación sobre la cooperativa, después vimos el cebadero, el proceso de fabricación del pienso y un rebaño. Sobre las 5 de la tarde nos despedimos y nos encaminamos hacia nuestro hotel. Esta vez los pastores no discutieron sobre las curiosidades que habían escuchado. El autobús, como una mamá atenta, nos acunó y sólo despertamos cuando llegamos a la hora de la cena. Mientras, en la parte delantera del autobús dormían dos pequeños intérpretes con la esperanza de que se avecinaba el fin de semana y durante aquellos dos días podrían dejar el lenguaje técnico y las ovejitas. O al menos, dejarlas solo para los sueños.
26 de septiembre
Eran tan solo las ocho de la mañana cuando las ruedas de nuestro autobús se pusieron en marcha hacia el centro de la península. En cinco horas conseguimos llegar a la capital: Madrid. Habiendo bajado del autobús hicimos un pequeño picnic en un parque del centro. Descubrimos que circulaban por la ciudad autobuses (dedicados principalmente a los turistas) que recorrían los barrios más espectaculares. Visitamos también un museo especial, que era de jamones, donde se podían probar todo tipo de exquisiteces. Como nos encontrábamos en la capital, no nos pudimos perder un programa característico de todo guiri que se precie: la compra de souvenirs…
27 de septiembre
Para ese día habíamos planeado dos programas alternativos: seguir vagando por las calles de Madrid, o visitar una de las ciudades más preciosas de España, repleta de monumentos que cuentan su historia: Toledo. Al final nos decidimos por la segunda opción. Esta ciudad histórica cuenta con numerosos edificios, construcciones y estatuas que nos deleitan los ojos (la Catedral, el puente de Alcántara).Recorrimos el barrio histórico en un microbús, también para turistas, y al mediodía nos sentamos en una terraza sombreada de la plaza mayor para picar algo. Terminado el almuerzo hubo dos horas libres que aprovechamos para visitar la Catedral de Toledo. Una vez que el grupo se reunió, nos dirigimos a Valladolid.
28 de septiembre
Pasamos la noche de 27 en Valladolid y por la mañana recogimos todo y fuimos a Zamora, la ciudad más impresionante que habíamos visto por la noche. El programa era muy denso: una fábrica de productos lácteos especialmente queso, dos explotaciones, un centro de genética de rumiantes, un almuerzo especial… y todo eso… por la mañana.
Empezamos en la fábrica de queso donde Arturo, el secretario ejecutivo, nos agasajó con una cata de queso y vino. Mientras estábamos tapeando llegaron empleados de un periódico: un cámara y una periodista. Por unos minutos nos sentimos como famosos. Las explotaciones eran muy bonitas y modernas, pero desgraciadamente no nos dió tiempo a pasar varias horas allí, debido a nuestra ajetreada agenda. Sin embargo no lo lamentamos porque así tuvimos la posibilidad de probar el lechazo que es una comida típica cuya base es el cordero. Al terminar el almuerzo fuimos al centro de genética donde Carlos nos mostró varias cosas muy interesantes como, por ejemplo, el laboratorio de donde sacaban y conservaban el semen de los machos o la máquina con la que se hacía la inseminación artificial. Ya eran sobre las 6 de la tarde y volvimos al centro para dejar las maletas en nuestro hotel. Luego Arturo nos llevó a una iglesa donde tuvimos la posibilidad de escuchar la canción de las monjas. Fue precioso. Después de la misa pudimos visitarlas algo que nos sorprendió ya que generalmente no pueden recibir a los turistas. Nos bendijeron y nos desearon buen viaje. Fuimos a hotel para descansar un poco y sobre las diez de la noche llegó Arturo con tres señoritas que nos harían de guías y nos mostrarían la ciudad. Como ya teníamos mucho sueño, la mitad del grupo se quedó en el hotel, pero nosotros fuimos y escuchamos la historia de la ciudad y recorrimos sus rincones más emblemáticos. Dormir un poco menos mereció la pena. A medianoche volvimos, lo agradecimos todo y fuimos a dormir porque sabíamos que al día siguiente tendríamos que levantarnos muy pronto.
29 de septiembre
La última visita la realizamos en Aratzazu, ya en el País Vasco. La cooperativa estaba situada en la cima de una montaña. La estructura del programa era similar a la de los de antes: primero el dueño nos dio una charla, y más tarde nos introdujo en los detalles. El momento culminante llegó cuando nos enseñó como el perro arreaba al rebaño. Fue fascinante. Antes de despedirnos nos invitó a tapear (pudimos saborear su queso y un vino típico de la región). La última ciudad que nos albergó fue Bilbao, la capital de Vizcaya. Cenamos en un restaurante de calidad y comenzamos a preparnos para la aventura que iba a suponer regresar a Barcelona en un solo día, es decir, recorrer, 664 kilómetros.
30 de septiembre
Al levantarnos nos sentimos libres: ya no habría más explotaciones, ni más granjas, ni más ovejas. Lo único que nos esperaba era el mar. Nos dirigimos a San Sebastian allí pasamos algunas horas, vagamos por la ciudad admirando la inmensidad del mar mientras nos invadían sentimientos contrarios. Poco después dejamos aquella ciudad y nos dirigimos a Barcelona, lugar donde terminaba la andadura por España. Lugar que suponía el fin de aquella aventura y el principio de la vuelta a Hungría.
La tristeza nos invadía. Dejábamos España, un país que desde hace varios años ocupa parte de nuestro corazón y que cada día, en el instituto, visitamos gracias a la lengua, el español. Pero en ese momento supimos que habíamos hecho correctamente nuestro trabajo, que habíamos superado la prueba. Eso nos animaba a volver, a contar nuestra experiencia, a seguir estudiando y a mantener la esperanza de poder volver en un futuro no muy lejano.
Con el día 3 de octubre se cerró en nuestras vidas un período corto pero inolvidable, rico en experiencias tanto laborales como personales que se nos grabaron en la mente de manera indeleble y muy gratificante respecto a nuestro futuro. Pero en el fondo se trató de mucho más que un viaje de estudios: sirvió para conocer gente y para que nos conociéramos mejor a nosotros mismos. Nos gustaría dar las gracias a todos los que hicieron posible que formáramos parte de ello.
Kovács Brigitta Fanni 11b, Gaál Zoltán 12b