SEGUNDA PARTE DE LA RUTA QUETZAL, CHILE

Febrero 20th, 2010

(Santiago de Chile-Valparaíso-Isla de Robinson Crusoe-Talcahuano)

la-planta-de-hungria El 10 de diciembre madrugué mucho para salir hacia el aeropuerto de Budapest donde me despedí de toda mi familia y Hungría para volar hacia Madrid para hacer la segunda parte de la Ruta Quetzal. En el aeropuerto de Barajas los ”ruteros” no fueron difíciles de encontrar, un grupo de chicos con camisetas blancas y las botas típicas, en ese momento olvidé las dificultades de la despedida y me encantó estar nuevamente con ellos. El reencuentro después de 5 meses fue emocionante. Por primera vez iba a pasar las navidades sin mi familia y fuera de casa pero me esperaba una navidad muy original, con 25 grados, en verano, y con los mapuches.

Por la noche ya estábamos todos y embarcamos en un avión enorme rumbo a Santiago de Chile y empezó nuestro gran viaje de 14 horas.

Parte del viaje lo dedicamos a dormir, ya que sabíamos que a la llegada a Santiago de Chile nos esperaban diferentes programas. En primer lugar visitar la casa de Pablo Neruda, y en segundo lugar montar las tiendas de campaña. El  cambio del invierno al verano me gustó mucho, hacía mucho calor allí, pero me pareció muy raro estar en las Navidades sin luces y con calor .

El segundo día el jefe del campamento nos despertó temprano, y aunque sabíamos lo que esto conllevaba, la potencia de su voz nos volvió a hacer sonreír, como hace 5 meses.

Tuvimos una marcha de 12 kilómetros, una caminata de superviviencia, pero mereció la pena. También este día llegaron el resto de los ruteros. Nos esperaba otra caminata al Parque Nacional La Campana. Entre conversaciones y risas sentíamos que ya no estábamos en la naturaleza sino que éramos parte de ella.

Visitamos en la Isla Negra la casa de Pablo Neruda, una casa hecha con sus recuerdos, la casa de un marinero en tierra.

Al día siguiente dejamos Santiago y fuimos a Valparaíso donde subimos a un barco militar chileno, y dejamos la tierra para navegar por el Pacífico. El destino, tras día y medio de navegación era la Isla de Robinson Crusoe. Durante la travesía tuvimos talleres deportivos, científicos, conferencias, una noche de contemplar estrellas a raso… y el tiempo pasó muy rápido y pronto estuvimos en nuestro destino: una isla del archipiélago Juan Fernández.

A nuestra llegada, gente curiosa se asomaba a las puertas de sus casas de madera. En esta isla hay una población de unos setecientos habitantes. Es tan maravillosa que nunca había visto nada semejante. En el recorrido una leve lluvia facilitó el camino pero luego se volvió más intensa y el  barro y las bajadas hicieron que muchos nos cayéramos, pero las canciones y el lindo paisaje mantenían nuestro ánimo.

Fuimos a ver los lobos marinos, a pescar, y probamos las comidas populares de allí: langosta, perolada y disco. Cada país representado plantó un árbol como recuerdo en la calle principal de la isla.

Dejar la Isla de Robinson Crusoe fue triste para todos. Volvimos al barco militar y regresamos a tierra firme, esta vez a Talcahuano. En el puerto nos recibieron con bailes tradicionales de Chile, además de una presentación del pueblo mapuche y seguimos nuestro camino hacia Concepción. Lo que aconteció allí, ya os contaré en los días sucesivos.

Duzs Tímea, 12.b


COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO

Enero 16th, 2010

En diciembre volví a casa tras una experiencia de tres meses en España y aunque puedo afirmar que me lo pasé requetebien, me alegro de estar en casa.

La aventura empezó el 4 de septiembre de 2009. Después de un vuelo directo a Madrid, participé en unas convivencias dirigidas a todos los intercambistas que habían venido a España. Allí nos conocimos, hicimos actividades en común y nos explicaron las cosas que podíamos y no podíamos hacer durante esta experiencia, a no ser que quisiéramos volver pronto a casa…

Después del campamento, que duró dos días, conocí a mi familia de acogida. Como yo iba a vivir cerquita de Madrid, me recogieron en el albergue donde nos habíamos alojado. Los que iban a vivir en Andalucía, Cataluña o en el País Vasco tuvieron que pasar todo el día viajando.

dia-08-segovia_0 Mi familia, los Martínez de Pisón, estaba constituida por el padre, Iñigo, que era abogado y profesor de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid; la madre, Mónica, profesora de griego y latín en el instituto de Colmenarejo (un pueblo cerca de Madrid), y el hijo, Iñigo, estudiante de segundo de Bachillerato. Tras de un viaje de 15 minutos, llegamos a la urbanización donde iba a pasar tres meses.

La urbanización estaba en Villafranca del Castillo, a unos 25 kilómetros de Madrid. Allí viven aproximadamente 5000 personas, y no había demasiadas cosas que hacer. Las urbanizaciones aquí son comunidades urbanas de carácter residencial, cuyos habitantes van a trabajar a la ciudad, por eso también se llaman ciudades dormitorio. Hay muchas de ellas rodeando Madrid. Vivir aquí tiene algunas ventajas ya que son muy tranquilas, y la mayoría tiene espacios verdes o parque, así que son muy agradables y no se nota que estamos al lado de una ciudad de 5 millones de habitantes. También tiene desventajas como que el transporte público funciona bastante mal ya que los autobuses pasan con poca frecuencia, así que es muy chungo bajar a Madrid. Además tardan mazo tiempo en llegar a la capital, porque realiza varias paradas. Yo tenía el abono joven con el que podía coger todos los autobuses y podía usar todas las líneas de metro, así que podía bajar a Madrid tantas veces como me daba la gana.

Iba al instituto de Villanueva de la Cañada, una ciudad pequeña de 15 000 habitantes y a unos 10 kilómetros de mi urbanización, así que tenía que coger el autobús todas las mañanas. El instituto se llamaba I.E.S. Las Encinas. El edificio era impresionante, (casi tanto como el del nuestro… ¿no?) Había unos 2000 alumnos y todo era muy moderno. Tenía un patio bonito, varias pistas de baloncesto y campos de fútbol. También contaba con un parque pequeñito. Las clases empezaban a las 8:30, pero las puertas del insituto solo las abrían a las 8:25, así que si alguien llegaba antes, no podía entrar. Me parecía una tontería tremenda, porque aunque por las tardes hacía un calor insoportable, por las mañanas hacía bastante frío.

En la primera semana hicimos la matrícula. Como iba a asistir a primero de Bachillerato se podía elegir entre tres modalidades: humanidades, sociales y ciencias. Yo, para no tener que dar mates, física y química, elegí humanidades y, como optativas, cogí ampliación de inglés y religión. Más tarde lamenté no haber cogido mates, porque, aunque no me gustan para nada, podría haber seguido con la materia y ahora no tendría que recuperar tanto… También tuvimos la oportunidad de apuntarnos a alguna actividad deportiva. Yo elegí badminton porque antes nunca había practicado este deporte y tenía mucha curiosidad.

Por las tardes, aparte del badminton y de tocar la guitarra, no tenía muchas cosas que hacer. Como mi “hermano” pasaba todo el rato estudiando y había que estar en silencio para no distraerlo, yo siempre que podía bajaba a Madrid para dar un paseíto e ir conociendo la capital, o para quedar con otros intercambistas que también vivían en las cercanías de Madrid. Con mis compañeros de clase no bajé muchas veces porque como ellos no tenían el abono joven les habría salido bastante caro ir y volver a Madrid.

En Madrid vi el Museo del Prado, el Museo de América, di paseos por la Puerta del Sol, el Parque del Retiro, la Plaza Mayor, el Paseo de la Castellana, la Plaza de España, la Plaza de Oriente, etc. Pero lo más guay fue el partido del Real Madrid contra el Getafe en el Estadio Santiago Bernabeu. Fui con un chico húngaro-cubano, que trabajaba en Madrid como economista y era el presidente de la organización de los fans húngaros del Madrid. Estábamos justo encima de una de las puertas. Cuando llegamos a nuestro sitio me quedé alucinando, boquiabierto. La vista era flipante, en el estadio había 85 000 personas, lleno. Molaba mazo. Cuando marcó Higuain todo el estadio explotó. Antes de irme yo era del Barça, pero esa noche lo cambió todo, ahora soy del Madrid.

Aparte de Madrid tuve oportunidad de ver pueblos y ciudades como Ávila, Chinchón, Segovia, Comillas y Lastres. Todos esos lugares eran diferentes y cada uno tenía su propia magia. Ávila tenía una muralla rodeando el casco antiguo y una Plaza Mayor chulísima. En Chinchón había una iglesia en la que se guardaba un cuadro de Goya, en Segovia estaba el famoso Acueducto, pero también tenía una catedral preciosa. Comillas es un pueblo chiquitín en Cantabria, cerca de Santander, con una bonita costa. Lastres, que se situa en Asturias, también tenía una costa guapísima, y es conocido, porque una famosa serie española, llamada Doctor Mateo, se rueda allí.

Aunque me considero un chico abierto y sociable, al principio tenía problemas de integración. Cuando me encuentro en una colectividad no hablo mucho, siempre me cuesta abrirme, y en este caso los otros ni siquiera hablaban mi idioma. Me sorprendió que no me hicieran caso. Aquí si tenemos a algún intercambista siempre lo rodeamos, le hacemos preguntas, etc. Pues allí no. También estaba un poco deprimido, porque creía que hablaba bien español, pero me costaba entender el habla de los jóvenes. Pero después de una semana todo cambió, hice amigos y todo fue bien.

Antes de viajar a España hablé con Vanessa sobre el sistema educativo. También me contó cómo eran los niños, cómo se comportaban, qué hacían, etc. Pero me comentó que en el Bachillerato todo era diferente porque solo estaban allí los que querían seguir estudiando. Yo, como ya he dicho, estaba en primero de Bachillerato y después de la primera semana pude hacerme una idea de lo que pasaría en la ESO si los de Bachillerato eran así. Allí, aunque hacía muchas chorradas, yo pertenecía al grupo de los mejor educados. Me parecía que la mayor parte de los chavales solo estaban allí obligados por sus padres, que les decían que estudiaran y sacaran el bachillerato de alguna manera y después les pagarían la universidad. En una clase de 34 alumnos solo había una chica que no había repetido. Allí lo normal es que se repita curso. Si no has repetido les pareces un bicho raro.

Volviendo a la familia de acogida, todos eran muy buena gente, me ayudaban en todo y podía dirigirme a ellos con cualquier problema, pero me sentía como si hubiera venido a casa de una familia alemana. Todo era fijo, todo tenía su orden y su hora. Eran muy estrictos, no mostraban ninguna flexibilidad. Yo, antes de llegar a Madrid, conociendo a Vanessa y a José, y pensando en los españoles en general, no esperaba que la situación fuera así. Sabía que mi familia no iba a ser como la de los que habían ido a Andalucía pero no me imaginaba que la mía sería tan estricta. Como ya he dicho la madre era profesora. Puede que esto explique porque decía que nos pusieramos rectos, no soplaramos, etc. al padre, al hijo y a mí. También le pareció raro que el huevo frito lo comiera con cuchillo y tenedor, porque allí no se hacía así… Lo más chungo era salir. Como la zona donde vivía estaba bastante mal comunicada y como no pasaban muchos autobuses, siempre tenía que estar en casa a las 12 como muy tarde, (porque decían que no podían dormir hasta que no llegara a casa y no querían pasar el rato sin dormir hasta las 3) a no ser que durmiera en casa de un amigo.

En resumen me alegro de haber ido. Fue una experiencia que nunca olvidaré. Vi muchos sitios, conocí a muchísima gente, hice amigos, pero para mí lo más importante fue aprender a independizarme (como soy muy desordenado y desorganizado me vino bien circular por una ciudad de 5 millones de habitantes sin que me robaran algo y sin perder ninguna cosa) y aprender a valorar el trabajo que hace mi madre en casa. Aunque la experiencia fue magnífica, y sigo queriendo volver o ir a otro país para estudiar o trabajar, siempre me imagino viviendo en Debrecen. Es evidente que ahora en la época de la Europa unificada la gente vaya a otro país para trabajar o estudiar, porque así consiguen tener otro punto de vista del mundo. Pero me da mucha pena que casi nadie vuelva. Es siempre más fácil escaparse que quedarse e intentar mejorar las cosas. Bueno, ahora digo esto, quién sabe que pasará más tarde, pero una cosa es seguro: como en casa en ningún sitio.

Berényi Vince, 11b


México en el Instituto Fazekas de Debrecen

Diciembre 27th, 2009

Cuando la profesora Sofi me dijo misteriosamente que tenía una sorpresa para la clase del martes (15 de diciembre) enseguida pensé en un examen dificilísimo y preguntas sobre el último artículo que habíamos visto. No me imaginaba que los que iban a preguntar fuéramos nosotros y mucho menos que a los que entrevistaríamos fueran deportistas mexicanos que habían venido para participar en el Campeonato Mundial Sub-20 de Hockey sobre Hielo División II. Sea como fuera, fue una sorpresa maravillosa.

con-judit-la-interprete Nunca antes me había encontrado con un entrenador, por lo que no sabía qué esperar, pero más o menos me lo imaginaba como un hombre estricto que daba órdenes a los jugadores. Esa imagen cambió desde el primer instante en que vi al entrenador verdadero, ya que tenía una sonrisa amplia y una mirada cálida que me parecía perfecta para animar a los chicos. Cuando empezó a hablar también me olvidé de las órdenes estrictas, ya que tenía la voz tranquilizadora con un toque travieso al preguntarnos en húngaro: „Mi a helyzet?” (¿Qué pasa?), que había aprendido en un libro. Así empezó nuestra charla.

sub20_debrecen2 Nos contó que habían llegado el 10 de diciembre y se irían el 20, y que aparte del viaje larguísimo todo le gustaba. Dijo que el equipo había sido muy bien recibido y que la gente era amable. Cuando hablaba de la comida le brillaban los ojos y se echó a reír al compartir con nosotros lo graciosa que había sido la cena de la noche anterior, ya que todos pensaban que estaban comiendo pollo que además les encantó, y luego les habían informado de que era mollejas de pollo y en ese momento todo el mundo dejó de comer.

Otra cosa que les resultaba raro era el saludo húngaro dando la mano y no besándose. Me sorprendió muchísimo el escuchar que por la manana habían ido a correr al Gran Bosque con el frío que hacía, pero a ellos no les molestaba, es más, creo que de la nieve se alegraron mucho porque según nos contó el entrenador, hacía algunos años, en Canadá los chicos pequeños se habían lanzado a un montón de nieve y los había parado la policía canadiense diciéndoles si estaban locos. Esto es comprensible teniendo en cuenta que en México sólo nieva en las montañas y apenas hay pistas de hockey, por eso los admiro tanto, ya que practican un deporte en un lugar poco favorable, con mucho ánimo y mucha vocación.

sub20_debrecen1 El hockey sobre hielo en México es un deporte exótico, que practican en apariencia unos cuantos. Sin embargo, esos cuantos han demostrado que pueden hacerlo con calidad y competir a buen nivel. En la Ciudad de México hay tres pistas de hockey para 2 000 jugadores y no todas tienen el tamaño oficial. También se puede jugar en Monterrey, Guadalajara y Veracruz, pero el clima de estas ciudades es más cálido y por lo tanto es más difícil jugar al hockey. Me llamó la atención como hablaba de su país, con mucho cariño y respeto y nos aseguró que a pesar de lo que se contaba sobre México, no era un lugar tan peligroso como lo anunciaban en las noticias y sobre todo los jugadores llevaban una vida muy sana, no bebían mucho y tampoco fumaban. Aunque se les permitía beber algo más después de los partidos para celebrar los triunfos. Todos quedamos con muchas ganas de conocer México cuando nos hablaba de los lugares más bonitos de su país como Cancún y las pirámides aztecas y mayas.

El jueves vinieron a visitarnos cuatro jugadores, dos de ellos tenían 15 años y los otros dos 17. Los entrevistamos y no eran tan habladores como su entrenador. Cuando les pregunté por qué habían elegido el hockey, contestaron con mucho entusiasmo que este deporte era diferente a cualquier otro, sobre todo por el contacto con el hielo y que para jugar bien hay que tener mucha habilidad. Nos pusieron al corriente sobre detalles interesantes y asombrosos del equipo. Sus componentes apenas se conocían ya que se les había convocado apenas dos días antes de la salida y esto dificultaba el juego en equipo ya que no conocían los gestos que cada cual realizaba; que eran mucho más jóvenes que los jugadores de otros países, además era el primer mundial de su vida, y toda una nueva experiencia. Dijeron que los húngaros les parecían bastante grandes y fuertes y que en su opinión el equipo ganador sería Gran Bretaña o Hungría (al final ganó Gran Bretaña).

Entre las dificultades que tenían mencionaron el cambio horario y el hecho de estar lejos de su casa, también les molestaba que anocheciera tan temprano ya que no les gustaba la oscuridad y que esto les impidiera visitar los monumentos ni divertirse fuera de su habitación, por lo que  juegan al poker cada noche. Pero aun así, afirman que el viaje está ”padre” y que les gustan mucho las chicas húngaras… Cuando les preguntamos sobre las lesiones, uno de ellos nos contó que había tenido contusiones y se había roto también el brazo, pero se nota que no piensan en el peligro, sólo en lo mucho que les gusta este deporte y, aunque desgraciadamente no los he visto jugando, por su entusiasmo estoy segura de que tendrán éxito. Les deseo mucha suerte.

con-la-clase-11b

Les damos las gracias por visitarnos y esperamos que guarden un buen recuerdo de este torneo. Nosotros los recordaremos con cariño.

Kovács Lili, 11b

La imagen de la Navidad

Diciembre 24th, 2009

Familia, amigos, reconciliación, regalos, belén, el niño Jesús,  árbol de navidad, ciudades decoradas con luces, tiendas repletas de gente, frío, abetos con nieve, hielo en las montañas, escarcha entre las hojas, carámbanos en los edificios, noches estrelladas, acebos y muérdago, también abrazos, caricias, llamadas, olores y muchos, muchos recuerdos…

¿Cuál es la primera imagen que se le viene a la cabeza al oír la palabra Navidad?

“Enormes fuentes de comida, elaboradas, adornadas, dulces deliciosos, mesas espléndidas”.

“Los reencuentros con amigos y familiares, a muchos de los cuales sólo ves por estas fechas”.

“Un gran almacén lleno de compradores compulsivos”.

“Pienso en una mujer cargada con bolsas, en el agobio que rodea toda una temporada que me hace pensar en un mundo artificial”.

“Una imagen infantil, lúdica, de ilusión, de musgo y belén; sobre ella, actualmente, una de consumismo desaforado”.

“La imagen de lo que era la Navidad en mi niñez: el tocadiscos, mis abuelos, una fuente de lomo en salsa, padres, tíos y primos, la pandereta”.

¿Cuál es la imagen de la naturaleza que más asocia con la Navidad?

“El paisaje, el desierto de Judea y las siluetas de los camellos en la noche siguiendo la estrella”.

“Las montañas y los bosques nevados. También grandes heladas y ventiscas azotando el paisaje y la fauna, creando atmósferas de misterio”.

“Un desierto nocturno techado de estrellas, lleno de vacío y serenidad”.

“Un lugar inexistente, con los trineos volando. Coca-Cola ha logrado imitar esa imagen. Las marcas nos han robado hasta la postal natural de la Navidad. Trineos volando en la noche. De fondo, siempre estrellas fugaces”.

“El viento silbando entre las ramas de los árboles desnudos, el frío intenso que hay que saber disfrutar, los sonidos de la naturaleza, el silencio y la soledad. También esa luz tan especial de los días de invierno. Y la luminosidad mágica que desprende la nieve, incluso por la noche”.

Hoy, esta noche, ya no pensamos en el bullicio de las compras compulsivas en centros atiborrados de guirnaldas y villancicos. Prevalece el silencio y la soledad; bien en forma de montañas nevadas, bien en un desierto, bien clavando la mirada en una noche con millones de estrellas. A pesar de estar rodeados de gente, nos invaden esos recuerdos, esos sueños, ese abrazo que nunca pudimos dar, ese beso tan esperado, esa mirada distinta, ese amigo que se fue para siempre, ese familiar que ya no está con nosotros.

¿Es que está cambiando la más típica-tópica imagen de la Navidad en la cabeza de la gente?

“Sí, se ha convertido en la gran fiesta del consumo. Este planeta no puede permitirse tal despilfarro”.

“Yo creo que cada vez hay más gente convencida de que esta celebración del consumo no basta, que hay que buscarle otro sentido”.

“Es el poder de la publicidad. No creo que sean muchos los que se acuerden de Palestina, de que el origen de la Navidad está ahí. Los abetos y campanitas de Coca-Cola lo ocupan todo”.

“Creo que la locura colectiva se ha instalado en estas fechas con un desaforado consumismo, y los más perjudicados son los más pequeños. Ojalá esto cambie para que los días finales del año se conviertan en una mirada distinta y nos permita hacernos el más importante de los regalos: recuperar nuestro tiempo”.

“Nada cambia. Cada Navidad regresan los tópicos, las mismas alegorías, los mismos recuerdos, la necesidad de decirle a alguien lo que no se le dijo en todo el resto del año”.

La imagen de la Navidad, la imagen de la Navidad…

Deseo a cada uno de mis lectores una verdadera Navidad, en paz y alegría;

deseo para los buenos momentos gratitud,

para los malos, mucha esperanza,

para cada día, una ilusión,

y para siempre,

felicidad.

Kiss Zsófia, en Debrecen, a 24 de diciembre de 2009

III Carta. Octubre de 2009

Diciembre 12th, 2009

Querida hermana:

foto-familiar_0 No pienses que me he olvidado de escribirte. A veces intento escribir y las emociones son tan fuertes que no encuentro las palabras adecuadas para hacerlo.

Recuerdo que de todo el viaje, de entre todos los momentos felicies, donde mejor me lo pasé  fue en Mérida, una ciudad andina, simplemente perfecta. Tiene un ambiente tan agradable que podría pasar allí toda mi vida. Nuestra llegada fue de lo más raro, recuerdo que no había ni luz ni agua y la gente hacía un ruido ensordecedor con sartenes y cucharas gritando que el presidente se fuera…Esa noche fue muy romántica, con velas en todas partes charlando en la penumbra y me iba encantando más y más. Tal vez por  las montañas que no se ven muy bien por la niebla, constante e infinita, pero cuando el cielo está despejado, como me contaron, se pueden contemplar los cuerpos y las caras de una pareja india, que, según la leyenda, se van acercando y Mérida desaparecerá cuando se den un beso.

Subir al punto más alto que se puede alcanzar en carro, al pico El Águila, para mí, una chica que no ve otra cosa que llanura, fue lo más emotivo, estar a 4200 metros de altura me dio mucha sensación de libertad, ni siquiera tuve dificultades para respirar ni mal de páramo,  algo frecuente en ese lugar.  Y al volver de las montañas me esperaban las arepas andinas de tu tía, la mejor cocinera que conozco (aparte de tu abuela). La gente ahí es, hasta en términos latinoamericanos, la más amable que puede existir y es difícil expresar la gratitud que siento por poder haber compartido esos días con ellos, les tengo inmenso cariño y no sé cómo agradecer la alegría que me dieron. La noche cuando fuimos a la heladería famosa de un señor brasileño que vende helado de todos los sabores con los nombres más raros que uno se puede imaginar y cuando preparamos cien tequeños juntos (¿cuántos kilos de masa y harina usamos, por cierto?) fue mágica para mí, ya que me sentía venezolana, tan integrada como si los hubiera conocido en mi vida entera. Mérida, como ya he dicho, es perfecta, no hay mejor palabra. Todavía tengo el frailejón, la flor amarilla típica que escondimos en mi bolso, es uno de mis tesoros  que más valor tienen, ya que sólo crece ahí y cada vez que la miro, me lleno de cariño de nuevo.

Y el paisaje que más deseaba ver, las playas del Caribe, aunque sé que es de verdad, aún me parece mentira, porque un mar así, clarísimo y mucho más azul que el cielo, con la arena blanca, resulta más un sueño o una fantasía. Llevarme a conocer el mar es por lo que más agradecida estoy, porque sé que no fue fácil, las carreteras son pésimas y los precios, altísimos, y aún así fuimos. Me habías descrito los callos como pequeñas islas desiertas donde reina la naturaleza, y por lo tanto no había ni baños para cuidarla mejor y lo habías dicho con razón, ahí no hay y tampoco se necesita nada más que las palmeras para dar sombra (¿Te acuerdas de mi terrible quemadura? Estuve con la piel roja durante dos semanas por un día en traje de baño bajo el sol caribeño…) Los comerciantes encontraron la mejor manera de ganar plata hasta ahí, con sus mesitas que flotaban en el agua vendiendo mariscos, gafas de sol, pulseras y cualquier cosa…Nunca olvidaré el grito de Ricardo cuando, tratando de atrapar un pececito con un cebo, atrajo un pez globo gigante y se asustó… hay tantos peces y estrellas de mar (otro tesoro es la foto que tomamos agarrando una) que después de las ballenas de la Patagonia, me pareció la fauna más interesante. Y el camino en lancha, en mar abierto, una aventura inolvidable. Gracias por mostrármelo.

Querida hermana, estoy teniendo demasiada nostalgia, pero hay algunas  cosas más que me gustaría decirte. Primero, que ya en el avión, veinte minutos después de despedirnos ya te extrañaba muchísimo y la añoranza nunca acaba, al llegar a Hungría en las primeras noches fui incapaz de dormir sola en nuestra habitación, así que abrí la puerta, algo que jamás había hecho. Quiero que vuelvas a casa lo más pronto posible, porque la fiesta de mi condecoración aún queda demasiado lejos. Eres una de las personas que más me conocen, sabes todos mis secretos y al revés, y por eso, aunque ahora no estamos juntas, te siento cerca, sólo que ya no escucho tu respiración que por las noches cuando me despertaba  me tranquilizaba tanto… A todos nos parece que la casa está vacía sin ti y no hay día que no pensemos en ti, un miembro importante de la familia.

Te quiere muchísimo,

Tu hermana húngara.

Posdata:  Nunca digo adiós a nadie. Nunca dejo que las personas más cercanas a mí se vayan. Me las llevo conmigo adonde vaya.

Kovács Lili, 11b

II Carta. Octubre de 2009

Diciembre 7th, 2009

Querida hermana:

Como ves he cumplido mi promesa y te hago llegar otras palabras desde la que fue tu tierra durante un año, Hungría. Con ellas prosigo mi relato donde lo dejé… paseo-de-la-chinita

Siempre me decías que Maracaibo, conocida como la tierra del Sol amado, era más auténtica, y tenías razón, la capital del estado Zulia, la segunda ciudad más grande no se parece a ninguna otra. El que llega, generalmente después de cinco minutos se harta del calor, pero a mí me encantó la temperatura, que normalmente ronda los 35 grados, y no me creías cuando te decía que no me importaba sudar ni quemarme, solamente estaba agradecida por el clima. Entrar en Maracaibo fue muy especial, pasando por el puente más largo del mundo construido de hormigón, escuchando las canciones que escriben sobre él que intentan describir la gran emoción que supone su paso.

Primero no tenía ni idea de lo que estaban haciendo en el lago, porque  nunca antes había visto el proceso de sacar petróleo del agua, pero resultó muy interesante. El petróleo es una de las cosas por las que los envidio horriblemente, recuerdo cómo se echaron a reír ante la cara que puse al ver que de la plata que nos cobraban en Hungría por un litro, ustedes llenaban el tanque y lo pagaban con monedas. Esto fue lo más difícil de creer de todo el viaje, aparte de los precios imposibles que tienen, todo es tan, pero tan caro que enseguida entendí por qué te habías comprado tanta ropa en Hungría y venías siempre a casa con una amplia sonrisa, diciendo ”¡Soy muy feliz!” en húngaro.

Pronto aprendí que el maracucho no vive sin aire acondicionado ni carro, por el calor que sólo conoce el que lo ha sentido (y que, créetelo, es buenísimo y me impresionó) y por la falta de seguridad pública. También empecé a entender el acento maracucho…tú dices que es feo, (y bueno, yo que voy a decir que considero el  acento más bello del mundo el argentino), su voseo sonaba terrible, pero me hacía mucha gracia que todos repitieran las mismas palabras y expresiones como ’verga’ (y todas sus formas ), ’vaina’, y ’qué molleja’, palabras que se me pegaron de tal manera que me terminaron gustando, aunque ese voseo me saca de quicio…

Conocí como son los guajiros, el pueblo originario que no sólo se reconoce por la cara y por la ropa de colores, sino por la actitud también, porque unos cuidan tanto a los otros que lo más aconsejado y sabio es no pelearse con ninguno.

Y ya en la primera mañana supe qué extrañaría más, aparte de ti y tu familia: la comida, divina, fantástica, maravillosa, de verdad, no sé cómo sobreviviste aquí después de 17 años comiendo patacón, arepas, perico, pabellón, tequeños y quesillo, mencionando sólo mis platos favoritos… Tan  sólo dos meses después de mi vuelta, ya sufro por no poder comerlos y ni siquiera los puedo preparar porque me falta el ingrediente básico: la harina pan. Aunque puede que sea mejor así, porque todavía me horrorizo al ver lo mucho que engordé, sobre todo por las arepas, que además se comen cada día, pero ahora me conformaría incluso con el olor que salía de las areperas…

Perico sí hay, ya que sólo es huevo batido con todo lo que uno quiera añadir, pero allá se preparaba para llenar las arepas y no es lo mismo. Para comer pabellón me faltan los frijoles venezolanos que acompañar la carne y el arroz. Y lo más rico, el plátano, palabra que no designa exactamente el mismo tipo de fruta que en España, sino otra, el cambur, que comen bien natural, frito o extrayendo su jugo. En las rutas, desde la ventanilla del carro, miraba impresionada el cambur, el plátano, la lechoza, la guayaba y algunas frutas tropicales más cuyos nombres ni recuerdo…era como una selva.

Uno de los días más felices fue cuando me mostraron el centro, dedicado casi entero a la Chinita, su patrona, cuya basílica es la más hermosa que he visto en mi vida, de muchísimos colores en su interior y ramos de flores que llevan allí los creyentes cuando desean algo. Su historia me gusta mucho, es tan especial encontrar una cajita de madera en el lago, guardarla  y luego una noche despertarse viendo la luz que esparce…la cajita de la Chinita tiene cierta magia que sientes cuando le pides a la patrona que te ayude a convertir tu sueño en realidad, y bueno, creo mucho en ella porque mi deseo se cumplió. Sería imposible no venerarla después de ver esa basílica y el paseo adornado con su estatua gigante, fuentes y luces bellísimas por la noche.

La otra parte de la ciudad que más me gustó es la de las casitas típicas maracuchas que forman calles encantadoras, me acordaba un poco a La Boca de Buenos Aires con tantos colores vivos en las paredes, puertas y ventanas, caminar por ahí me hizo pensar que estaba en un paisaje de cuentos. El edifico más especial aparte de la basílica creo que es la iglesia Santa Lucía, patrona de los ojos y de la vista, que me pareció preciosa por su color azul profundo. Y el más amable para mi corazón fue el Teatro Baralt, donde debutó Carlos Gardel, al que admiro.

Podria seguir escribiendo sobre Maracaibo durante horas pero tal vez no consiga describir los sentimientos que me invaden y que guardo muy dentro de mi corazón. Pero no todo acaba aquí, ya lo sabes, cuando visité Maracaibo aún me quedaban muchos paisajes por descubrir y muchas emociones por experimentar. Pero esas las guardo para la siguiente carta…

Un beso. Te echa de menos y te quiere, tu hermana,

Lili

Porque conocer Venezuela es amarla

Noviembre 28th, 2009

I Carta. Octubre de 2009

„Si no me encuentras enseguida, no te desanimes. Si no estoy en aquel sitio, búscame en otro. Te espero…en algún sitio estoy esperándote.” (Walt Whitman)

Querida hermana:

Te escribo no solo para  agradecerte las tres semanas lindísimas que pasé contigo viajando por Venezuela, sino por el año pasado entero, por todo el tiempo que vivimos juntas y por hacer nuestra familia más grande y culturalmente mucho más rica. Cuando me preguntan cuántos hermanos tengo, sin pensar contesto que dos, una húngara y otra venezolana. ¿Acaso hay alguna diferencia? Primero nace uno de los hermanos, vive en el hogar y espera pacientemente la llegada del otro y cuando por fín se produce la llegada, le enseña su mundo, se ayudan mutuamente, se aman. Nuestro caso es especial: veníamos de dos mundos distintos, pero las diferencias, con el paso del tiempo, fueron desapareciendo y gracias a esto ahora no tenemos  uno, sino dos hogares y una sola familia más numerosa.

Nunca olvidaré las horas probablemente más desesperadas de mi vida, cuando faltaban sólo dos días para mi viaje y visité a la amiga de tu mamá que vive en Buenos Aires. Cuando le dije que no tenía permiso firmado por los padres para entrar en Caracas, siendo menor de edad, primero me miró sorprendida, después se puso pálida y me contó que entonces sería muy difícil cruzar la frontera. Esa tarde la pasamos llamando a embajadas, consulados y aerolíneas y escribiendo cartas y yo iba desesperándome más y más a cada minuto y con cada detalle. Mi historia con Venezuela empezó aquel día, porque hasta entonces deseaba tanto verte que ni había pensado en paisajes, nueva gente, las bellezas que nos ofrece el encuentro con otra cultura (bueno, un clima mejor sí porque me volvía loca el insoportable frío argentino), pero al sentir lo mucho que me dolía la posibilidad de que me negaran la entrada, me di cuenta de que quería respirar aire venezolano, ver el Caribe, conocer los Andes, o sea, estar allí… y entender por qué era todo tan exageradamente complicado…

mi-llegada-al-aeropuerto-internacional-de-maiquetia-simon-bolivar-de-caracas Llegué al aeropuerto y lo primero que vi fueron los cerros de Caracas (que, como me lo explicaste luego, se correspondían a las villas de Buenos Aires), la playa y los rayos del sol, que hasta por la tarde eran intensamente brillantes. Bajé del avión, suspiré y el deseado calor me llegó como una caricia de un viejo amigo. Ya sabía que me iba a encantar. Pero aún tenía que pasar inmigración y otra vez me llené de miedo y entregué mi pasaporte con la mano temblorosa. Al ver que simplemente lo sellaban, me tranquilicé y me entregué totalmente a disfrutar el viaje.

Cuando te vi corriendo hacia mí, el sol ya se había puesto y los rayos le habían dado lugar al crepúsculo. Esta fue mi segunda imagen de Caracas, la única ciudad que visité y de la que no sé exactamente qué pensar. Sabía que era el segundo lugar más peligroso del mundo, y, para ser sincera, me asusté al experimentarlo. Por un lado, ahí estaban los miserables cerros, con sus casitas de lata, tan cerca unas de las otras que si viniera un terremoto, no habría forma de escapar y donde morir por una tontería es el pan de cada día. Luego, recuerdo cuando tu tío, antes de llevarnos al centro, miró mi cuello y me preguntó amablemente, esbozando una sonrisa, si ese collar era muy importante para mí. Cuando le contesté que nunca me lo quitaba, ya ocultando cortésmente la risa que le causó mi evidente inocencia, me dijo que era mejor que hiciera una excepción, porque si no, fácilmente terminaría perdiendo querido collar…Ya en el centro no me sorprendió que tú me quitaras la cámara para no tomar fotos paseando, sino caminando rápido y que le mandaras un mensaje a tu tío cada hora diciéndole: ”Estamos bien.” Después de dos días en Caracas tampoco me pareció raro que, viendo lo maravillada que estaba yo al descubrir que los carros se saltaban los semáforos en rojo, me contaran que si uno se paraba, le robaban.

Por otro lado estaba el centro que conserva casi de forma milagrosa sus edificios de la época de la colonización, como si fueran fotos de las páginas de un libro antiguo, había palmeras, y , como en todas las poblaciones venezolanas, la plaza mayor llevaba el nombre de Simón Bolívar, el libertador y héroe nacional del país, quien, como comprobaría después, tiene una estatua con su caballo hasta en el pueblo más chiquito. Y naturalmente, en Caracas también hay barrios lujosos (aunque sé que no es la palabra adecuada, ya que cuando ustedes dicen  ’barrio’, se refieren a una villa miseria, pero nunca me pude acostumbrar a usarlo en este sentido), como por ejemplo Chacao, donde nos quedamos nosotras, y que, como dijiste, es como Palermo en Buenos Aires. En resumen, creo que jamás podré decir que conozco bien la capital, aunque vuelva cien veces, y me parece que los que no son caraqueños, tampoco.

Y hasta aquí mis impresiones de Caracas, querida hermana, y de nuestro esperado reencuentro. Aún me queda mucho por contar y por agradecerte. Pero dicen que los buenos perfumes vienen en frascos pequeños. Y este viaje fue demasiado especial como para poder contarlo en una sola carta.

Pronto recibirás otra carta.

Te quiere,

Lili

(Kovács Lili Krisztina, 11b)

Un viaje bucólico en pleno siglo XXI

Noviembre 22nd, 2009

Este artículo trata de ovejitas, de pastores, de ganaderos, de cooperación…pero sobre todo pretende dar respuesta a muchas de las preguntas sobre el sistema ganadero de España. Y, lo que es más importante, pretende relatar la experiencia de dos alumnos (Fanni y Zoli) del instituto Fazekas de Debrecen que acompañaron al “Róna Juh Klaszter”- agrupación de Karcag – cómo intérpretes de español…

el-grupo-klaszter

20 de septiembre

Parecía ser un domingo normal, corriente, pero era muchísimo más. Este día marcó el inicio de un viaje que, en mi opinión, a todos los que participamos nos aportó experiencias muy gratificantes. Cuando llegamos al centro de investigación de Karcag, desde donde íbamos a salir, nos recibió una imagen muy típica de los momentos justo antes de emprender una gran aventura: un montón de mochilas y maletas bien cargadas, personas charlando, un poquito inquietas, y gente que se despedía, dando los últimos consejos a los viajeros…

Serían las 8 cuando llegó nuestro autobús, todos colocamos nuestros respectivos equipajes en el maletero, y en poco más de media hora comenzamos el camino. En Budapest dos personas más (nuestra intérprete de francés, Németh Tímea, también experta en la producción ovina, y el Dr. Sándor Kukovics que tiene mucho prestigio y fama en la ganadería ovina ya que ha publicado varios libros sobre los pequeños rumiantes) se incorporaron a nuestro grupo.

21 y 22 de septiembre

Como a partir de Budapest aún nos quedaba mucho camino por delante, tardamos casi un día en llegar a nuestro primer destino, Villeneuve-Loubet, una ciudad preciosa en la Costa Azul francesa. Después de instalarnos en el alojamiento (un hotel de tipo Formula 1) y formar las parejas de compañeros de habitación nos dirigimos a un restaurante cercano para cenar. Allí el presidente de la cooperativa, el Sr. István Monori aprovechó para darnos la bienvenida. Esta cena sirvió para que nos fuéramos conociendo un poco más.

Al día siguiente nos tocaba visitar dos granjas, pero al final sólo llegamos a una. La primera estaba ubicada en la cumbre de una montaña y era accesible únicamente por un estrecho sendero por lo que no conseguimos acceder con el autobús. En la segunda hubo más suerte. Los dos propietarios (que eran hermanos, por cierto) nos recibieron muy amablemente y se dispusieron a responder a todas las preguntas. Además, pudimos ver en qué consistiría más o menos nuestro trabajo (las preguntas que se hacían, el lenguaje que se empleaba – obviamente ya llevábamos varios días puliendo nuestros conocimientos específicos, grabando en nuestros cerebros palabras como alfalfa, ordeñar, forraje, fermentación). Contemplamos el rebaño, la maquinaria de la granja y antes de marcharnos les entregamos un paquete de regalitos que contenía productos del cluster. Seguimos nuestro viaje hasta Orania (Orange), y llegamos por la noche.

23 de septiembre

Madrugamos y nos dirigimos directamente a una cooperativa, también en Francia. En primer lugar nos enseñaron el matadero, el rebaño y nos dieron a conocer los métodos que aplicaban y también el proceso de la producción. Después asistimos todos a una mesa redonda. He de señalar que uno de los temas más frecuentes era el que se refería a las subvenciones. Tras una serie de preguntas y respuestas bien detalladas, obviamente, nos subimos al autobús y continuamos el camino. Próxima parada: Barcelona.

Al pasar por la frontera sentimos un cosquilleo en el estómago. Nunca habíamos hecho algo parecido y los sentimientos se amontonaban, palpitaban en nuestro interior de forma desmedida, sin poder apenas controlarlos. La curiosidad y la duda nos invadían ¿Podríamos llevar a cabo bien nuestro trabajo? ¿Cometeríamos muchos errores? Sin embargo, la emoción se sobreponía a todos los sentimientos: de nuevo estábamos en España.

A Barcelona llegamos por la noche así que no nos dio tiempo a ver la ciudad. Ocupamos nuestro alojamiento y fuimos a cenar. Sobre las 11 de la noche cuando ya todos teníamos ropa de cama, nos fuimos a dormir.

24 de septiembe

Después de desayunar subimos al autobús y  tomamos la carretera hacia Vilamayor. Allí había una granja enorme donde pasaríamos nuestra primera prueba de fuego. El señor que nos mostró su explotación tuvo mucha paciencia y respondió a todas las preguntas de todo corazón, aunque nuestros ganaderos las repitieron varias veces. Todo el día lo pasamos allí, observando preguntando y claro, traduciendo. Por la tarde ya estábamos muy cansados y saturados de tanta información sobre las diferentes tecnologías y  sistemas de subvención. Al final le agradecimos al ganadero la ayuda que nos había prestado y el tiempo que nos había dedicado. Subimos al autobús y nos dirigimos hacia Zaragoza. Llegamos al centro sobre las 6 de la tarde y decidimos conocer un poco la ciudad. Visitamos el Pilar, dimos un paseo por el centro y para que todos estuviéramos contentos reservamos un rato para comprar regalitos. Llegamos al hotel por la noche y ya estábamos  pensando en el día siguiente que estaría lleno de sorpresas…

25 de septiembre

La primera sorpesa que nos llevamos fue el desayuno. Desayunamos en un bar muy bueno y al sentarnos nos dimos cuenta de que aquel día el desayuno sería bastante escaso. Como nuestros mayores no estaban acostumbrados a comer sólo una tostada, el pobre camarero tuvo que traer una tostada tras otra, y otra, y otra… Al final me dijo que ya entendía por qué eran tan grandes nuestros pastores. Así que decidimos que al día siguiente habría embutido para acompañar las tostadas.

Al terminar  fuimos al centro de Zaragoza para ver la OVIAragón, una cooperativa enorme, una de las estaciones más importantes de nuestro recorrido. Allí nos llevamos la segunda sorpresa ya que nos esperaba un señor húngaro entre los directores: Szentváry Tamás que trabajaba en la Embajada de la República de Hungría en España y nos acompañó durante todo el día. Los directores de OVIAragón nos mostraron el matadero, hicieron una presentación sobre la cooperativa, después vimos el cebadero, el proceso de fabricación del pienso y un rebaño. Sobre las 5 de la tarde nos despedimos y nos encaminamos hacia nuestro hotel. Esta vez los pastores no discutieron sobre las curiosidades que habían escuchado. El autobús, como una mamá atenta, nos acunó y sólo despertamos cuando llegamos a la hora de la cena. Mientras, en la parte delantera del autobús dormían dos pequeños intérpretes con la esperanza de que se avecinaba el fin de semana y durante aquellos dos días podrían dejar el lenguaje técnico y las ovejitas. O al menos, dejarlas solo para los sueños.

26 de septiembre

Eran tan solo las ocho de la mañana cuando las ruedas de nuestro autobús se pusieron en marcha hacia el centro de la península. En cinco horas conseguimos llegar a la capital: Madrid. Habiendo bajado del autobús hicimos un pequeño picnic en un parque del centro. Descubrimos que circulaban por la ciudad autobuses (dedicados principalmente a los turistas) que recorrían los barrios más espectaculares. Visitamos también un museo especial, que era de jamones, donde se podían probar todo tipo de exquisiteces. Como nos encontrábamos en la capital, no nos pudimos perder un programa característico de todo guiri que se precie: la compra de souvenirs…

27 de septiembre

Para ese día habíamos planeado dos programas alternativos: seguir vagando por las calles de Madrid, o visitar una de las ciudades más preciosas de España, repleta de monumentos que cuentan su historia: Toledo. Al final nos decidimos por la segunda opción. Esta ciudad histórica cuenta con numerosos edificios, construcciones y estatuas que nos deleitan los ojos (la Catedral, el puente de Alcántara).Recorrimos el barrio histórico en un microbús, también para turistas, y al mediodía nos sentamos en una terraza sombreada de la plaza mayor para picar algo. Terminado el almuerzo hubo dos horas libres que aprovechamos para visitar la Catedral de Toledo. Una vez que el grupo se reunió, nos dirigimos a Valladolid.

28 de septiembre

Pasamos la noche de 27 en Valladolid y por la mañana recogimos todo y fuimos a Zamora, la ciudad más impresionante que habíamos visto por la noche. El programa era muy denso: una fábrica de productos lácteos especialmente queso, dos explotaciones, un centro de genética de rumiantes, un almuerzo especial… y todo eso… por la mañana.

Empezamos en  la fábrica de queso donde Arturo, el secretario ejecutivo, nos agasajó con una cata de queso y vino. Mientras estábamos tapeando llegaron empleados de un periódico: un cámara y una periodista. Por unos minutos nos sentimos como famosos. Las explotaciones eran muy bonitas y modernas, pero desgraciadamente no nos dió tiempo a pasar varias horas allí, debido a nuestra ajetreada agenda. Sin embargo no lo lamentamos porque así tuvimos la posibilidad de  probar el lechazo que es una comida típica cuya base es el cordero. Al terminar el almuerzo fuimos al centro de genética donde Carlos nos mostró varias cosas muy interesantes como, por ejemplo, el laboratorio de donde sacaban y conservaban el semen de los machos o la máquina con la que se hacía la inseminación artificial. Ya eran sobre las 6 de la tarde y volvimos al centro para dejar las maletas en nuestro hotel. Luego Arturo nos llevó a una iglesa donde tuvimos la posibilidad de escuchar la canción de las monjas. Fue precioso. Después de la misa pudimos visitarlas algo que nos sorprendió ya que generalmente no pueden recibir a los turistas. Nos bendijeron y  nos desearon buen viaje. Fuimos a hotel para descansar un poco y sobre las diez de la noche llegó Arturo con tres señoritas que nos harían de guías y nos mostrarían la ciudad. Como ya teníamos mucho sueño, la mitad del grupo se quedó en el hotel, pero nosotros fuimos y escuchamos la historia de la ciudad y recorrimos sus rincones más emblemáticos. Dormir un poco menos mereció la pena. A medianoche volvimos, lo agradecimos todo y fuimos a dormir porque sabíamos que al día siguiente tendríamos que levantarnos muy pronto.

29 de septiembre

La última visita la realizamos en Aratzazu, ya en el País Vasco. La cooperativa estaba situada en la cima de una montaña. La estructura del programa era similar a la de los de antes: primero el dueño nos dio una charla, y más tarde nos introdujo en los detalles. El momento culminante llegó cuando nos enseñó como el perro arreaba al rebaño. Fue fascinante. Antes de despedirnos nos invitó a tapear (pudimos saborear su queso y un vino típico de la región). La última ciudad que nos albergó fue Bilbao, la capital de Vizcaya. Cenamos en un restaurante de calidad y comenzamos a preparnos para la aventura que iba a suponer regresar a Barcelona en un solo día, es decir, recorrer, 664 kilómetros.

30 de septiembre

Al levantarnos nos sentimos libres: ya no habría más explotaciones, ni más granjas, ni más ovejas. Lo único que nos esperaba era el mar. Nos dirigimos a San Sebastian allí pasamos algunas horas, vagamos por la ciudad admirando la inmensidad del mar mientras nos invadían sentimientos contrarios. Poco después dejamos aquella ciudad y nos dirigimos a Barcelona, lugar donde terminaba la andadura por España. Lugar que suponía el fin de aquella aventura y el principio de la vuelta a Hungría.

La tristeza nos invadía. Dejábamos España, un país que desde hace varios años ocupa parte de nuestro corazón y que cada día, en el instituto, visitamos gracias a la lengua, el español. Pero en ese momento supimos que habíamos hecho correctamente nuestro trabajo, que habíamos superado la prueba. Eso nos animaba a volver, a contar nuestra experiencia, a seguir estudiando y a mantener la esperanza de poder volver en un futuro no muy lejano.

Con el día 3 de octubre se cerró en nuestras vidas un período corto pero inolvidable, rico en experiencias tanto laborales como personales que se nos grabaron en la mente de manera indeleble y muy gratificante respecto a nuestro futuro. Pero en el fondo se trató de mucho más que un viaje de estudios: sirvió para conocer gente y para que nos conociéramos mejor a nosotros mismos. Nos gustaría dar las gracias a todos los que hicieron posible que formáramos parte de ello.

Kovács Brigitta Fanni 11b, Gaál Zoltán 12b


Carta de mi ex ”mano derecha”

Noviembre 9th, 2009

Eszter al timónMe gustaría compartir con vosotr@s la siguiente carta que me llegó desde Inglaterra, de una ex alumna mía muy querida. Eszter, en su época, se convirtió para mí en una especie de secretaria personal. Además de participar y ganar, por supuesto, en varias competiciones, me era de gran ayuda. Siempre tenía tiempo para gestionar los asuntos de la sección: traducir, comprar, organizar, editar nuestra revista, repasar informes, dar clases de apoyo, hacer entrevistas, etc, etc. Nunca llegué a saber cuándo estudiaba… Ya lleva dos años estudiando en Londres. Sobra decir lo orgullosa que estoy de ella (como de much@s otr@s alumn@s mí@s). Por muy poco que sea, espero haber aportado mi granito de arena a la formación como persona de esta futura abogada.

Estimada ex jefa mía:

Siento mucho no haberle escrito durante tanto tiempo pero es que ahora empiezo a estar tan ocupada como lo solía estar siempre en Debrecen.

Mi primer verano en Londres ha sido increíble. He cambiado de domicilio y ahora tengo una habitación enorme. Vivo con personas húngaras que son muy amables, pero apenas puedo estar con ellas ya que vuelvo tarde siempre a casa. Muy tarde. (Me sorprende que aquí sea normal que un niño se vaya a la cama a las diez de la noche, pero claro, aquí la escuela empieza a las nueve, no a las ocho.)

Durante mi primer año en la universidad me di cuenta de que tenía que tener experiencias en trabajos relacionados con el Derecho porque aquí la primera cosa que se pregunta si uno quiere trabajar como abogado es ”¿Y qué experiencia tienes?”. Así que decidí quedarme en Londres todo el verano.

La primera oportunidad que tuve fue un curso de formación para hacerme asesor jurídico en una agencia donde se dan consejos legales gratuitos. Estoy haciendo esta formación desde entonces y paso dos días enteros en la agencia viendo clientes. Es la mejor experiencia que me ha ocurrido y usted sabe muy bien cuánto me gusta ayudar a la gente a resolver sus problemas.

Mi segunda oportunidad fue acompañar abogados en casos criminales por una semana. Me encantó ver cómo se decide en casos criminales aquí y también ayudé a los abogados mucho. En un caso la abogada no sabía un detalle del caso y entonces le eché una mano. La otra abogada se quedó sorprendida y no tenía ni idea de cómo responder. Fue increíble. También pude participar en las conversaciones privadas de los abogados, que nunca pensaba que sería posible durante aquella semana.

Me aceptaron también en un programa de una empresa legal, donde, por un día, pude acompañar a los abogados en la empresa y me gustaría muchísimo trabajar para ellos. Así que la semana pasada cuando vi que había una oportunidad de formación con la misma empresa, les envié mi CV y esta semana me han llamado informándome que he sido aceptada.

¡Pero no piense que he dejado de escribir y editar revistas! He llegado a ser la editora principal de la revista estudiantil de la Facultad de Negocios de mi universidad y ahora somos un grupo con muy buenas relaciones no solo de la universidad sino también de la vida mercantil de Londres.

La futura ejecutivaTambién soy la directora de marketing de una sociedad de la universidad que se dedica a la vida empresarial. Este semestre hemos invitado a personas que han creado sus empresas y el siguiente semestre también tendremos algunas charlas en la BBC.

Ya es hora que me vaya porque todavía tengo cosas que hacer.

Espero que todo vaya bien en Debrecen y en la sección bilingüe y le prometo visitarla en cuanto tenga tiempo para ir allí.

Le saluda atentamente su ex-secretaria,

Eszter Bélteki

En Londres, a 3 de noviembre de 2009

En tierra andaluza

Noviembre 4th, 2009

Cuando mi profesora (Zsófi néni) entró en una clase de civilización y nos informó sobre un concurso literario no pensé que gracias a esto iba a tener las mejores vacaciones de mi vida. Pero para saberlo tenía que esperar un poquito.

La idea de escribir sobre Andalucía me embrujó de repente y al llegar a casa me metí en el asunto. Empecé a leer libros, buscar información, ver imágenes, pero no me pareció suficiente. No encontraba la “línea maestra”.  Los días pasaban y pasaban y no era capaz de  escribir algo original, algo nuevo, hasta que un día llegó lo que estaba esperado, me encontró “la musa”.

Mi hilo conductor y la base de mi escrito fue hacer un estudio comparativo de los diarios de dos viajeros húngaros y recorrer Andalucía a través de sus libros. Al leer estos me sentí como si yo también estuviera viajando con ellos, como si yo también paseara por los jardines de la Alhambra.

Corregí y reescribí muchas veces mi texto y el último día del plazo lo envié. Y a partir de aquí esperar. ¡Ayyy Dios, cuánto odio esperar!

enibe2009_laganadoraMe pareció una eternidad, pero por fin llegó el día del comienzo del ENIBE (Encuentro Nacional de Institutos Bilingües de Español) en Szeged, en cuya inauguración daban a conocer el veredicto. En el momento en que Marta Cerezales, Agregada de Educación,  explicó en qué consistían los premios de esta competición (participar durante dos semanas en una escuela de idiomas en la Costa del Sol española) yo temblaba como una hoja.  Abrieron el sobre en el que estaba el seudónimo del ganador del primer premio y al escuchar que era el mío casi empecé a llorar. Luego me sentí muy feliz y pensé que con este viaje iba a cerrar un periodo de mi vida que definiría mi futuro también. Iban a terminar cinco años que pasé entre las paredes de mi instituto y los cinco años que dediqué al espanol, pero sobre todo a la cultura y literatura (partes que me interesan y encantan).

Fue muy laboriosa la preparación del viaje ya que antes tuve que hacer los exámenes de bachillerato y despedirme de los profesores y de mis compañeros.

Mi primer destino fue Granada donde me albergó y fue mi guía durante tres días Vanessa, mi profesora española. Había leído mucho sobre Granada, vi muchas fotos, pero para creérselo todo había que verlo. Recordé una frase escrita en una torre de la Alhambra y que era el reclamo de un ciego: “Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ser, ciego en Granada”

Durante estos tres días recorrimos toda la ciudad, empezamos por las calles estrechitas del Albayzín que parecían ser un laberinto, seguimos por la Catedral y la Capilla Real donde rendimos nuestro homenaje a los Reyes Católicos, y luego intentamos “conquistar” la Alhambra. Digo conquistar porque las siete horas que pasamos entre sus paredes resultaron como siete minutos. Todo el tiempo parecía poco para satisfacer nuestra curiosidad. Los palacios, los mosáicos, los jardines con las fuentes y los estanques, la vegetación y los colores me embrujaron para siempre.

Pero no sólo visitamos la ciudad sino que vivimos también en Granada, y como los “granaínos” tapeamos a la hora de tener hambre o fuimos a un bar flamenco, donde los gitanos cantaban y tocaban espontáneamente.

Mi viaje siguió en Almuñecar, mi destino principal, la ciudad más bonita de la Costa Tropical. Una ciudad pequeña que mezcla el pasado histórico con el presente, ya que es de origen fenicio y a la vez es un lugar perfecto para disfrutar de un veraneo español.

La escuela donde yo estudié durante estas dos semanas era bastante pequeña (5 profesores y como máximo 50 estudiantes), pero muy acogedora y muy familiar.

Compartí alojamiento en casa de una señora con una chica austríaca con la que hice muy buenas migas. Comíamos en casa todos los días por lo que saboreábamos todas las comidas españolas (tortilla, paella, mariscos, jamón, sopas…etc). Tenía clases por la tarde, un horario perfecto para poder dormir hasta que me diera la gana, ir a la playa antes de comer (a veces hacer los deberes allí, escuchando la canción de las olas del mar) y  una siesta temprana y corta (descansar unos 30 minutos).

La primera semana participé en un curso literario, leímos poemas de Lorca y hablamos sobre la literatura andaluza y cómo afectaron los tópicos la opinión sobre Andalucía. La segunda semana ya hablamos de cultura española: cine, actualidad, política, música, revistas y tuve también clases de gramática de nivel avanzado.

Después de las clases para “descansar la mente” bajamos a la playa (de la escuela estaba como mucho a dos minutos andando) a jugar y  bañarnos hasta que anochecía ( a las 9 de la tarde/noche) y las noches terminaban tomando un tinto de verano (vino tinto con gaseosa).

Al llegar el día de la despedida prometimos visitarnos después (qué suerte que Austria y Alemania estén cerca de Hungría) o reunirnos otra vez en Almuñecar. En el autobús rumbo a Málaga sólo estuve pensando en lo fantástico que había sido este viaje y que había valido la pena trabajar duro si el resultado fue tan bueno. Los últimos días los pasé en Málaga, pero las vivencias anteriores habían sido tan intensas que era difícil olvidar la estancia en Almuñécar.

Ya en tierra húngara recuerdo como en perspectiva estas tres semanas que siempre estarán en mi mente como algo sumamente importante de mi pasado, de mi presente y a lo mejor de mi futuro.

Bálint Zsuzsa